Hoy en día, es más probable que las personas se desplacen por el feed de una aplicación que lean un libro. Incluso para los mejores autores, una suscripción de streaming es más tentadora que la palabra escrita. A medida que la tecnología se ha vuelto más inmersiva, la gente ha dejado en gran medida los libros en un segundo plano.
Nuestros teléfonos y tabletas se han vuelto tan fantásticos y fáciles de usar que no podemos evitar usarlos con regularidad. En cuanto a los libros, son artículos obsoletos. La presentación del papel, el plástico y el cuero no ha cambiado a lo largo de los siglos.
¿Qué le sucede a nuestra mente cuando pasamos menos tiempo con libros y más tiempo con pantallas?
El lenguaje escrito sigue siendo la forma principal en que nos comunicamos y aprendemos, pero los medios a través de los cuales absorbemos el lenguaje han cambiado. El panorama de la lectura se ha vuelto digital, pero eso no es necesariamente algo malo.
Nunca antes una sociedad había tenido acceso a información de tal magnitud. Los niveles de educación se han disparado a medida que la tecnología está más disponible. Las tasas de alfabetización en todo el mundo han aumentado en las últimas décadas.
Esto no se puede atribuir enteramente a varios libros.
Sin embargo, el gran volumen de contenido de lectura disponible generó revuelo. Puede distraer, ser diverso, falso y tener carga política.

Nuestro tiempo de lectura actual está dominado por nuevos insumos digitales que se han creado en segundos y minutos (tweets, titulares de noticias, subtítulos) en lugar de meses o años (revistas y libros narrativos).
La información que recibimos da forma a nuestra capacidad de crear y pensar, que se manifiesta en patrones de habla y comportamiento que, en última instancia, definen cómo existimos en el mundo.
Cuando el trabajo extenso se reemplaza por contenido breve consumido a velocidades vertiginosas, cambia la forma en que pensamos y nos comportamos. Esto crea un problema fundamental de calidad de los insumos (el material que leemos) y del resultado (la mentalidad, la perspectiva, los canales de pensamiento).
No creo que sea exagerado predecir que cuanto más superficial sea la entrada, más superficial será la salida. Personalmente, cuando navego por las redes sociales, rara vez se me ocurre que estoy absorbiendo contenido de baja calidad con poco esfuerzo.
Se siente ligero, placentero y adictivo, pero eso es lo que lo hace molesto.
Esto es imposible para mí y probablemente para la mayoría de las personas, pero digamos que usted deja las pantallas durante 30 días y en su lugar solo lee cosas en papel o libros. Piense en cómo cambiarían sus pensamientos: la profundidad de sus ideas, su enfoque, su capacidad de articularse.
Claro, tal vez este sea un experimento mental burdo debido a lo incomprobable que es. Pero vale la pena entretenerse porque nos permite ser más conscientes del contenido que consumimos y cómo lo consumimos.
Seleccionar el contenido que consumes (específicamente, la profundidad de lo que lees) puede ser una forma espectacular de organizar tu vida. Este marco me parece alentador porque significa que tenemos voz y voto en la dirección que elegimos para desarrollar nuestros pensamientos y comportamiento.
Reconocer que la calidad de los insumos determina, al menos en parte, la calidad de los productos debería alentar la lectura de más libros y el consumo de menos contenidos breves.
Esta idea le otorga una nueva responsabilidad que abordar y plantea una pregunta desalentadora: ¿a qué tipo de resultados conducen los aportes de baja calidad?
Comience a utilizar sus hábitos y comportamientos de lectura como entrada y salida y vea si algo cambia. Puede impulsarnos a ser más conscientes de los momentos que experimentamos inconscientemente y también puede hacernos sentir mejor al dejar nuestros teléfonos.
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